Retos políticos de la izquierda soberanista andaluza

Venimos desde hace tiempo discutiendo en el seno de las organizaciones y de la militancia que se define como soberanista y/o andalucista sobre la existencia de un nuevo andalucismo o de una nueva ola andalucista, la tercera concretamente. El debate sobre las características del nuevo andalucismo o de la tercera ola, es decir, sobre aquellos elementos que lo diferenciarían de un viejo andalucismo o de olas anteriores, ha sido capaz de producir numerosos textos, muchos de ellos de una gran valía. No obstante, en su mayoría han estado planeados y dirigidos a justificar una lucha por unas siglas, las de Adelante Andalucía en disputa con Unidas Podemos, o en su caso cuando la victoria en esa lucha no estaba asegurada o parecía perdida, a crear un espacio que, de alguna manera, continuase con el espíritu de la Adelante Andalucía creada en 2018 mano a mano entre Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, espíritu al que supuestamente Unidas Podemos, o mejor dicho las direcciones españolas de Podemos e Izquierda Unida, habrían renunciado o incluso traicionado.

Más allá de la legitimidad de esa lucha, de si técnica o legalmente tal o cual tenía razón o no, o incluso más allá de plantear la necesidad de la “obediencia andaluza”, cuestión ésta que efectivamente es básica y estratégica, consideramos que todo ello no ha contribuido a dar calado y profundidad al debate; la prueba de ello es que cuando la fase más aguda de esa pelea terminó –o al menos parece haber terminado-, los análisis, los artículos de opinión o los debates on line han prácticamente desaparecido; ¿se acabó ya el debate?, ¿ya no hay nada más que hablar o destacar sobre el nuevo andalucismo y la tercera ola?, ¿está ya todo dicho? Pensamos que no.

¿A qué nos referimos con dar calado y profundidad al debate? Fundamentalmente a dos cuestiones que están íntimamente relacionadas: una se refiere a toda la crítica ideológica y a las tesis políticas de la tercera ola que seguimos manteniendo desde diferentes sectores de la izquierda soberanista andaluza y que no han sido tratadas ni analizadas; y la otra, tiene que ver con las consecuencias políticas en un sentido práctico. No se trata de estar dando vueltas en círculos, ni de repetir una y otra vez los debates porque no se nos ha respondido lo que deseábamos oír o leer, sino que se trata de avanzar en la conciencia nacional andaluza desde un punto de vista de clase, feminista y democrático para construir una Andalucía libre y soberana, de avanzar en la organización de la lucha del conjunto del pueblo trabajador andaluz.

Humilde y honestamente pensamos que para avanzar en un movimiento popular para la liberación de Andalucía es necesario señalar una serie de obstáculos que, por un lado, dificultan la extensión de esta conciencia nacional andaluza y que, por el otro, impiden que esa conciencia se eleve.

¿Tercera ola?

1) Partimos de la base, compartida por todos los sectores, de un resurgir de lo andaluz, de valoración de lo propio frente al continuo desprecio, de un lado, y manipulación, por otro, de nuestras señas de identidad; ese resurgir está implicando un mayor interés por el qué o quiénes somos y de dónde venimos, al entenderse de alguna manera que lo que se nos ha contado hasta ahora está adulterado y desvirtuado. Temas como la supervivencia y/o persistencia de lo andalusí, el flamenco, nuestra modalidad lingüística o nuestra situación periférica y de dependencia económica, y la marginación social consecuente, están siendo recurrentes y fuente de debates. Frente a ello, un cada vez más beligerante y agresivo nacionalismo español, transversal –de derecha a izquierda-, como expresión de un régimen político en crisis que está más necesitado que nunca de articular un discurso nacionalista que lo unifique y, a su vez, lo legitime ante la clase obrera y los sectores populares.

2) Sin embargo, y aquí es donde comienzan los desencuentros, desde el nuevo andalucismo o la tercera ola, continuamente se obvia el hecho de que ese resurgir andaluz se concentra en un sector concreto de la población, fundamentalmente joven, y dentro de él, determinados sectores con un determinado nivel educativo. Jóvenes que en muchas ocasiones han visto en estos años de persistencia de la crisis de 2007/2008 como sus expectativas vitales se han venido derrumbando una y otra vez en una Andalucía que solo les ofrecía dos salidas: una la literal, es decir, emigrar de su tierra, y la otra, aceptar la precariedad y las reglas de un mercado laboral y de un capitalismo andaluz marcado por la informalidad, la escasa articulación, la super especialización económica, los bajos salarios y una “cultura empresarial” dominada históricamente por un autoritarismo que persigue una mayor productividad por métodos coercitivos más que por vías de cooptación y acuerdo.

No obstante, desde determinados sectores criticamos el uso del término “ola”, o incluso la misma división en “olas” del andalucismo, por dos motivos. El primero, porque el uso de ese término puede dar una sensación de masividad que por desgracia no se da. Para amplias capas populares, el andalucismo es un concepto extraño o, en el mejor de los casos, lejano. En segundo lugar, intentar justificar el uso del término “ola” asimilándolo a las “olas del feminismo”, como se ha argumentado en algunas ocasiones, no deja de ser una cuestión arbitraria y subjetiva que puede tener la mejor de las intenciones, especialmente desde el punto de vista del “marketing” político, pero nada más.

Sería muy necesario y urgente, extender el andalucismo a esos sectores a los que no se llega y, a veces, ni se apela, a los sectores del pueblo andaluz que peor lo están pasando, hablamos de tantos y tantos barrios obreros y populares de grandes ciudades andaluzas donde no hay referentes políticos, donde hace muchos años que hay un gran vacío, lugares donde el hilo histórico se rompió o, mejor dicho, fue roto por el oportunismo y el reformismo, y en el que existe el peligro de una politización reaccionaria. Analizar la realidad material de esos lugares y planificar una intervención real es vital para el andalucismo.

La estrategia institucional-electoral

3) ¿Cual es, pues, la razón de ser de la tercera ola andalucista? Como hemos comenzado señalando, consideramos que, apoyándose en aspectos reales y existentes de conciencia y organización andalucista y de clase, es un término surgido al calor de un escenario en el que claramente la construcción de una opción electoral está por encima de otras cuestiones. Por mucho que se alegue y se insista en que esto no es así, la verdad es que más allá de esa negación, los discursos y sobretodo los hechos indican que no hay actividad, o mejor dicho que no hay una unidad de acción –una praxis coordinada- en temas cotidianos por parte de las organizaciones participantes en el proceso que se ha venido a denominar Andalucía No Se Rinde, más allá de lo electoral. Esto no sólo es así en lo que respecta a las elecciones andaluzas (2022), sino también a nivel estatal. Es por eso que se insiste una y otra vez en estar en Madrid, en “tener voz en Madrid”, en ser determinantes para el partido de turno que gobierne el régimen postfranquista español y constituir una especie de lobby capaz de conseguir más inversiones públicas para Andalucía.

Se puede argumentar que es un proceso que aún no está acabado y que está en la recta final de un debate, de acuerdo, pero el hecho antes señalado es ya significativo y sintomático de las prioridades.

4) Desde nuestro punto de vista, el actual marco institucional surgido de la Constitución del Régimen del 78, tanto a nivel estatal, como de Andalucía, está perfectamente diseñado para la gestión de los intereses de la gran oligarquía imperialista española, en un momento histórico de especial ofensiva contra los derechos colectivos. El margen, como estamos comprobando con el gobierno español de PSOE-UP o como también vimos con el gobierno andaluz de PSOE-IU (2012-2015), solo da para meros gestos simbólicos que no logran modificaren gran medida la realidad material de las clases populares. Por lo tanto, la mera acción institucional nunca fue un instrumento político para solucionar los males históricos del pueblo andaluz más allá de cuestiones puntuales. Al contrario, ha conseguido ser una nueva herramienta con la que subordinarnos más a la espiral histórica de dependencia, subdesarrollo y opresión, debido a una cuestión básica: la “autonomía andaluza” es fruto del régimen postfranquista español de 1978 y como tal ha venido actuando hasta hoy.

5) Con esta crítica a la estrategia institucional-electoral no queremos obviar el hecho de que buena parte de la militancia y el activismo andalucista actual nos encontremos en distintos espacios de lucha y organizativos a nivel sindical, vecinal, juvenil, feminista, antifascista, lgtbi, etc. Al respecto, convendría dejar claro que por supuesto movilizar y participar activamente en luchas concretas que afectan a la clase obrera y al pueblo andaluz es importante, básico y fundamental, pero no tiene por qué necesariamente crear poder popular, y esa es justamente la perspectiva que falta o por lo menos escasea. Tenemos la percepción de que para determinados actores por la sola participación de cargos públicos en determinadas luchas ya lo institucional pasaría automáticamente a un segundo plano o incluso ya se daría una subordinación de lo institucional a las luchas populares. Pero no, esta cuestión es mucho más compleja y nos remite a una cuestión estratégica para la izquierda andalucista: a la organización día a día de la clase trabajadora y de los sectores populares por la gestión de todos los aspectos de sus vidas, por supuesto, en los centros de trabajo, pero también en los barrios, los centros de estudio, el ocio, el deporte, la cultura, etc. Esa estrategia de construcción de poder obrero y popular andaluz, de organización del pueblo trabajador, no existe y no está planteada; estamos hablando de ir más allá de luchas puntuales, por muy importantes que sean, y que por supuestísimo, transciende todo lo institucional.

Por tanto, cargar las tintas en un poder institucional, por mucho que asista o acompañe a las luchas concretas, no va a suponer un avance significativo, a menos que se encuadre en una perspectiva estratégica superior –la de la creación de poder obrero y popular andaluz- que como ya hemos señalado no aparece por ningún lado.

Las implicaciones político-ideológicas

6) Esta ausencia de estrategia política clara más allá del electoralismo va de la mano a nivel político e ideológico de una ceremonia de la confusión, en diversos planos. Nos encontramos con quienes apelan a un “andalucismo no soberanista” fiando el futuro de Andalucía a una situación federal del Estado español que actuaría como solución mágica para todos los males. Por otro lado, si durante la Transición se hizo un uso y abuso del término “autonomía” hasta que finalmente acabó por no significar nada o si acaso, tristemente, el poder del PSOE andaluz en la Junta, hoy está ocurriendo algo parecido con el término “soberanía” sin saberse muy bien qué se quiere decir. El exceso de tocar y ya hasta manosear los sentimientos lleva a que por ejemplo se afirme que el 28 de Febrero de 1980 Andalucía ejerciera el derecho de autodeterminación, una afirmación disparatada desde el punto de vista de la política y de lo jurídico, o que el 4 de Diciembre fue el 15M de nuestros padres, asociando arbitrariamente momentos y situaciones, forzando un hilo histórico por puro “marketing”. A todo esto se suma una visión nostálgica de un PSA-PA que “tenía voz en Madrid” que para determinados sectores sería un ejemplo a seguir o a repetir sin más consideraciones críticas. Por último, la imitación de modelos políticos externos tan dispares e incluso contradictorios como ERC, CUP, Compromís, EH Bildu, BNG o incluso Teruel Existe, sobrevuelan en un espacio político donde a falta de perspectivas, el oportunismo –en muchos casos un oportunismo desprovisto de mala fe, pero oportunismo al fin y al cabo-, la novedad por la novedad, las modas, etc., terminan por ser determinantes.

7) No obstante, es quizás en la utilización del término “sujeto político”, donde más confusión se ha creado, con graves implicaciones a nivel político, como ya un compañero ha defendido en otro artículo. Sin querer extendernos aquí, se ha producido una inquietante y peligrosa confusión entre sujeto político y el o los instrumentos políticos (partidos, frentes, organizaciones, etc.), lo que conlleva la sustitución de facto del verdadero sujeto político, el pueblo trabajador andaluz en su conjunto, por las organizaciones políticas o marcas electorales que dicen hablar en su nombre y representar sus intereses.

8) Por último, y no menos importante, nos encontramos en esta tercera ola andalucista con una falta de visión sobre el papel que Andalucía juega en el contexto internacional. Habría dos planos fundamentales en los que abordar esta cuestión: la económica y la geopolítica, en íntima conexión.

A nivel económico, debemos analizar el papel que juega Andalucía como periferia del centro imperialista, y su evolución con la internacionalización de su economía. En este sentido, una tarea a resolver por las organizaciones de izquierdas y andalucistas es el de realizar un análisis claro y preciso del marco nacional andaluz de lucha de clases, de sus especificidades y elementos constituyentes, sus contradicciones, las clases y sus diferentes fracciones, estructura productiva, etc. Lógicamente, como soberanistas, consideramos la división centro-periferia como un elemento central, pero no podemos quedarnos solamente ahí. Es más, sin el análisis de clases y sin estudiar concienzudamente cómo se desarrolla la lucha de clases en Andalucía y en relación al contexto estatal, europeo e internacional, la cuestión centro-periferia y la posición marginal y subalterna de Andalucía quedan en una abstracción o en una mera pose.

A nivel geopolítico y geoestratégico, debemos comprender que Andalucía cumple un papel de primer orden en los planes del imperialismo. En primer lugar, por la existencia de dos bases norteamericanas –de las que se ha llegado a decir que “dan trabajo” por parte de determinados actores políticos-, una británica y cientos de instalaciones militares del ejército español, así como el papel de determinadas inversiones especulativas, el tráfico de personas, estupefacientes, etc. En segundo lugar, nuestro país está directamente implicado en los conflictos que van desde el Sahel africano hasta la frontera ruso-ucraniana pasando por el Levante árabe e Irán. Al respecto, nos parece muy preocupante los posicionamientos que ha venido manteniendo la principal organización política referente en el proceso de construcción del “sujeto político andaluz”, Anticapitalistas, respecto a los conflictos de Libia, Siria, Ucrania, Nicaragua o Bielorrusia, donde han venido dando apoyo directo a movimientos reaccionarios alimentados por el imperialismo y enfocados en la destrucción de países soberanos que por uno u otro motivo no se han sometido a las dictados imperiales. Estos posicionamientos, lejos de ser algo secundario, ahondan en nuestro papel de plataforma de agresión del imperialismo estadounidense contra los pueblos que se rebelan a su dominación. La mejor manera de superar visiones distorsionadas que terminan por favorecer, aunque no se pretenda conscientemente, los intereses del imperialismo y su agenda de agresión a la soberanía e independencia de los pueblos, es prestando mucho más atención a nuestro papel en el mundo, hoy algo prácticamente ignorado por la “tercera ola” y el “nuevo andalucismo”.

Retos políticos

Aunque es cierto que hemos hecho una gran generalización y no hemos entrado en determinados matices, consideramos que el actual proceso político fruto de las teorías sobre el “nuevo andalucismo” o “la tercera ola”, necesitarían de una profundización del debate y tener en cuenta las implicaciones políticas de los posicionamientos. Es normal que en un movimiento político amplio se encuentren posiciones contradictorias o se haga un esfuerzo por simplificar los mensajes, el problema es cuando no hay perspectivas de superar esas contradicciones en un sentido revolucionario o que lo accesorio y lo táctico adquiera un rango que no le corresponde convirtiéndose en lo fundacional del movimiento. Consideramos básico y fundamental superar las visiones cortoplacistas y los recursos estilísticos y poses que, lejos de ampliar nuestra base, están sirviendo para la mera retroalimentación de quienes ya han asumido las tesis sobre la “tercera ola” o el “nuevo andalucismo”. Determinadas líneas argumentativas ya tocaron techo y no dan más de si, cuanto antes se entienda, mejor para el conjunto de las organizaciones andalucistas de izquierdas.

La izquierda soberanista andaluza nos encontramos ante un reto político mayúsculo consistente en cómo responder a la crisis económica, política y social que vive nuestro pueblo enmarcado en una crisis mayor, sistémica, a nivel mundial. A las diversas organizaciones y militantes de izquierda soberanista andalucista nos une la convicción de que la clave para resolver ese reto (que, además, supondría resolver los problemas históricos de nuestra tierra) es activar la movilización y organización del pueblo trabajador andaluz por adquirir cuotas de soberanía y, por lo tanto, de capacidad de decisión sobre los aspectos esenciales de nuestra vida, para construir un futuro libre de explotación. Para la consecución de este objetivo, podemos finalizar con distintas reflexiones que se desprenden de los puntos críticos desarrollados en el texto:

1) Más allá de la ilusión de un crecimiento de la identidad andaluza hoy, es necesario seguir trabajando por la extensión de la conciencia e identidad colectiva entre el pueblo andaluz, haciendo hincapié en nuestra particular situación, historia y naturaleza como pueblo explotado bajo el sistema capitalista, patriarcal e imperialista. Esta identidad popular andaluza debe actuar como base de cualquier lucha continuada por la conquista de derechos y soberanía.

2) La consecución de la soberanía nacional andaluza sólo puede ir de la mano de un proceso de ruptura con el postfranquismo español, con todo su entramado: poder legislativo, ejecutivo y judicial, así como el marco jurídico -empezando por la Constitución de 1978- que nos impone el modelo de estado monárquico y capitalista. Para ello, debemos contraponer a la estrategia de toma del poder institucional por ciertos sectores del andalucismo, la estrategia de construcción de poder popular andaluz, que va más allá de la retórica, y supone, desde ya, poner a las clases populares y su lucha en el centro del tablero político.

3) En este sentido, no cabe más remedio que considerar a la clase obrera andaluza, en toda su diversidad y heterogeneidad, como el gran sujeto político llamado a sostener, por supuesto no de forma exclusiva, la lucha por la soberanía nacional. Las diferentes luchas concretas de la clase obrera y del pueblo andaluz deben ser respondidas y atendidas de forma seria, posible y rigurosa, pero desde una perspectiva estratégica, igualmente, han de servir para elevar la conciencia nacional y de clase y ayudar a sostener las organizaciones existentes, que se deben convertir en instrumentos de dicho sujeto para su liberación, y no al revés. Parafraseando al Che Guevara, sin organización no solo las ideas se acaban desvaneciendo, sino también las luchas del pueblo, por muy duras y radicales que parezcan.

4) Sin una visión internacionalista y antiimperialista sobre el papel de Andalucía en el mundo y su responsabilidad en las agresiones a pueblos soberanos (a través de las bases militares), desarrollar nuestra soberanía nacional sería sencillamente imposible, más allá de falsas salidas que reproducirían de una manera o de otra nuestra rol marginal, dependiente y subdesarrollado, o de la explotación de pueblos periféricos o agredidos por el imperialismo.

Desde la modestia y la humildad, pero también desde la firmeza, consideramos que los debates no se han cerrado, consideramos que hay aún mucho que aclarar políticamente en Andalucía porque la construcción de soberanía, de poder obrero y popular andaluz, es una dinámica abierta a la que aún se puede aportar tanto en lo teórico como en lo práctico.

Viva Andalucía Libre, Socialista y Feminista

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